03 de marzo de 2013


Él creía que tenía motivos más que razonados para el resentimiento, pero al verla  a tan corta distancia se dió cuenta de que era inútil negar la evidencia: aún quedaba mucho de lo que hubo, sino, ¿por qué le afectaba tanto querer odiarla y tratar de olvidarla?

Y así, agotado una vez más de pensar mal y recordar bien, canino, rabioso todavía, y en cierto modo maltrecho, vio que el semáforo pasaba al verde.


Ya no había tiempo para armar tácticas.


Podía soltárselo todo o fijar la vista en los pies como si no la hubiera visto. Alzar bien la cabeza, con orgullo y echar todo ése veneno fuera para que ella lo saboreara también, haciéndole tanto daño como pudiera, tal y como él lo sintió al enterarse de lo que decían que hacía con su vida a sus espaldas.


¿Y si le decía algo? 
¿Respondería?
¿Se haría la tonta, la buenecita?
¿Daria unas explicaciones que le hicieran dudar de sus fuentes?
Ridículo.
O, no...


Recuerda lo mucho que luchó consigo mismo al principio, para creer que todo aquello era una mala broma, un malentendido malicioso, pero tuvo miedo; miedo de que tuvieran razón y miedo también de que se equivocaran, de que lo hicieran para dañarle aquellos a quienes creía sus amigos.


Dudó de ella y eso le avergonzaba, le corroía por dentro, pero NO QUERIA DUDAR DE LOS DEMÁS...


¿Habría tenido una explicación coherente a todo aquello de haberle dado a ella la oportunidad de defenderse?


¿Era cierta su primera intuición de que le mentían, que ella, su "ella" no era capaz de actuar así? ¿O toda su explicación se habría limitado a un "piensa lo que quieras" cansado, de ésos que, siempre te parten el alma porque están llenos de decepción y desengaño, de detalles amargos que minan una relación y que pueden hacer derrumbarse el muro protector erigido en torno a uno, tras tanto tiempo de reconstrucción?


Las franjas del paso de cebra se abalanzaron sobre él y pronto llegó a su altura, él la miró; ella le miró.


Ella no dijo nada. Él no dijo nada. Sólo siguió caminando.


Cuatro pasos más allá se detuvo, en seco. Y se volvió. Ella había hecho lo mismo.


-¿Te sigo pareciendo una víbora, una puta arrastrada de la peor especie, un deshecho humano al que no merece la pena escuchar?, preguntó ella con una voz tan cálida como la que recordaba de los mejores momentos, pero que, ésta vez le heló la sangre.


Él  volvió a tragar saliva evaporada.


Jamás se le habia ocurrido que ella le hablaría después de cómo la echó de su lado; a él aún le dolía recordar el desconcierto de su mirada anegada en lágrimas cuando la desterró de su vida...


No, pensó, no, no, no, lo único que pienso es que me gustaría cogerte del brazo y llevarte a un sitio apartado y decirte todo lo que he ido embalsando durante este tiempo sin atreverme a admitirlo, como una maldita presa abandonada, me gustaría poder atarte, usarte hasta quitarme el hambre de ti para siempre, torturarte y luego abandonarte de una vez, si puedo…


-No, ahora te escucharía pero no podría creerte.


-Entonces permitiré que te siga envenenando el silencio ya que no tuviste dudas. Siempre escuchaste y creíste más, a quién menos debías; tú, tu orgullo y tu conciencia, - si la tienes - sabreís porqué.


- Y tú siempre has sido una golfa, ahora sé de qué especie.


- Lo fui por ti, para ti, y hasta tal punto que nunca lo creíste, por eso te hicieron dudar, por eso vencieron los que querían separarnos. Tú les diste ése poder.


- Y tú los motivos.


- ¡ No ! Nunca. Ni una sola vez, y si te hubieras molestado en escucharme, tú también sabrías la verdad y cuánto y porqué que te mintieron; era tan fácil de comprobar... 


- Hazlo, demuéstramelo ahora… - respondió él odiándose por el tono casi de ruego de su voz-


Camila negó con un leve movimiento de cabeza y en su mirada surgió algo parecido a la pena, una pena profunda y honda.


- Ahora ya no tiene valor ni sentido; hace mucho tiempo que es demasiado tarde.


Por una vez ni trató de defenderse, sólo se giró y siguió su camino mientras el semáforo alertaba a pitidos del cambio de color y de dolor.


Tuvo, por segunda vez en su vida, la incómoda sensación de haber perdido una oportunidad única de saber la verdad incluso aunque fuera demasiado tarde para cambiar las cosas.

Recordó una vez más, las últimas palabras de ella antes de irse meses atrás:


- ¿No vas a permitir que me explique?
- Nunca
- Nunca es demasiado tiempo para equivocarse y mucho más para guardar rencor por las mentiras de gente ajena a una relación...
- Jamás querré conocer ésa verdad tuya. Le espetó él con desprecio.
- Si que lo harás, algún día querrás saberlo y te avergonzará haberme tratado asi. Replicó ella con una sonrisa triste en la mirada.
- Lo dudo mucho.
- Yo no. Hemos compartido tanto que ni todo el odio del mundo conseguirá que olvides lo que tuvimos, lo que fuimos uno para el otro, lo que llegamos a sentir...

Algún día te preguntarás porqué no me escuchaste cuando aún teniamos algo que salvar o decir, y no habrá nadie para darte ésas respuestas.


- ¡Vete! -Espetó él entre dientes como queriendo deshacerse de un fantasma-


- Espero que estés bien seguro de esto, porque no soy famosa por volver atrás, ni siquiera la mirada...

Él no se movió del sitio hasta que escuchó los bocinazos enfurecidos de los coches que querían pasar.


Aturdido todavía por la fuerza de los recuerdos y lo acertado de sus premoniciones, caminó de espaldas hacia la acera y chocó contra un cartel publicitario de colonia.


« Tú sabes lo que quieres », decía una modelo de ojos fríos y sonrisa en llamas.


Se odió tanto en ese momento que una fuerza desconocida y feroz le arrancó de cuajo la cordura y le empujó a una desesperación sin vuelta atrás.

Dio un puñetazo con todas sus fuerzas al cristal y su mano se cubrió de ojos astillados y sonrisas ensangrentadas.

Cuando se apartó del estropicio, atontado y avergonzado, más lleno de preguntas que de respuestas, y sintiendose más solo que nunca desde hacía meses, vio que, a diez metros de distancia, dos policías municipales le encañonaban con la mirada.

Y que ella, su cami, ya no estaba...

 cami.s


Publicado por cami.s @ 1:42  | Relatos
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Comentarios
Publicado por Invitado
16 de mayo de 2013 | 17:19

Los malos finales rara vez tienen buenos reencuentros...

Me ha hecho pensar, gracias