28 de abril de 2006
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Hacia Ti...

Llueve como si no hubiese llovido
nunca, como si las nubes quisiesen desquitarse por tantos
días de presencia sin ofrecer a la tierra el preciado maná.


Una noche más, sólo otra. Una cita que, según transcurren
los minutos se le antoja más extraña. ¿Qué demonios hace
allí esperando a un desconocido?

Remueve el té y se obliga a hacerlo despacio, fingiendo
desgana, lejanía, distancia de todo lo que la rodea.
Pero está nerviosa, no demasiado pero sí lo justo
para sentirse incómoda, porque no hay razón;
nunca la hay cuando se trata de hombres.…

Una simple equivocación al marcar el teléfono algunas
noches antes, y se había encontrado hablando durante horas
con un perfecto extraño, dejándose llevar por el enigmático influjo
de una voz que la hacía estremecerse y vibrar.

La intimidad fue haciéndose mayor y las palabras surgían
solas, como si fuese algo natural, sin embargo nada de
aquello lo era.

A aquella primera conversación siguieron otras,
ya no eran errores sino de la voluntad
(si es que la voluntad de hacer algo puede ser un error).
Cada noche a la hora mágica,
sonaba el teléfono y se permitía a sí misma volver a creer
en todo aquello que hacia años había desterrado con la
excusa de que ser realista hace siempre menos daño.

Se dejaba envolver con palabras, suspiros
quedamente desgarrados, por heridas y carencias
propias y de aquel extraño que la hacia soñar,
desear creer y, al mismo tiempo, desconfiar de si
misma y de su cordura…

Seguramente ni era real, sólo el producto de dos soledades
que se encuentran una madrugada cualquiera en cualquier
lugar por pura casualidad.

Pero solía encontrarse diciendo cosas, que por mucho que estuvieran
en su interior, escondía desde hacía tanto
tiempo que ya ni recordaba la causa.
El cinismo protector de las almas sensibles la ayudaba
a esconderse de todo, a aparecer indiferente,
calmada y fría.

Rara vez dejaba traslucir lo que sentía o pensaba,
entrenada como estaba en parecer firme, dura e independiente.
El físico ayudaba, alta, delgada, de rasgos angulosos
y mirada esquiva. Callada, observadora de todo a su
alrededor como si estuviese esperando siempre un golpe
que había llegado demasiadas veces, como para poder
olvidarlo.

Sería un fracaso, lo sabía. NO se hacía ilusiones;
Todas sus citas lo eran...

Pocas pasaban la prueba del Bar y de la charla por intrascendente
que fuera, algunas pocas llegaban hasta
cerca del portal.

Menos de las que la gente imaginaba, terminaban en un
roce de pieles más o menos agradable pero
que no dejaban más huella que algún rastro de fluidos
corporales que desaparecían con una ducha, y siempre en
terreno ajeno para poder volver a su guarida sin
sobresaltos.

Miró el reloj de la pared, ya era casi la hora… Hizo un
repaso mental de su posición, quería observar sus
movimientos (cobijada en el rincón más oscuro para hacerlo
con calma) desde el mismo momento en que empujara la puerta
para entrar, quería ponerle el piloto automático al
desengaño antes de que surgiese buscando una retirada
estratégica antes de tomar contacto real.

Se conocía, si la voz la había atrapado y hecho soñar a
través del teléfono sería peor al natural,
peor… no, más subyugante.

No necesitaba distracciones de ése tipo, ya llegaría el
momento, (sino sentía la necesidad imperiosa de salir por
la puerta de atrás) de perderse en ésa voz y unos ojos
(seguramente) tan desgastados como los suyos propios
pero capaces de brillar fugazmente ante una visión
agradable.

¿Qué le gustó su voz? ¿Y qué? Seguramente no iría
acompañada de un físico a su altura. A ése pensamiento
se agarró mientras acentuaba su pose de mujer fatal,
descreída y dura una vez más.

¡Maldita sea…! (se reprende interiormente) lo vas a
estropear todo si sigues balanceando el zapato y las
caderas al compás de la música…

INDIFERENTE, ¿recuerdas?

Han caído hace ya los últimos telones del primaveral día tras
el horizonte, cuando por fin entro en el local en que
hemos quedado.


La puerta se abre una vez más, hoy el bar está más
concurrido de lo habitual, probablemente porque la gente
entra a refugiarse de la lluvia… mejor, así puede pasar
más desapercibida y aprovechar los segundos que él tarde
en adaptar su vista a la semi-oscuridad del local, para observarle a gusto.

El lenguaje corporal muchas veces había sido su aliado
para reconocer personas o situaciones potencialmente
peligrosas, como para desdeñarlo o ignorarlo sin más.

Es un local tranquilo, a media
luz, con el suelo de madera oscura y el mobiliario de los
viejos cafés de toda la vida, con las mesas de mármol
blanco y la sillas de madera.


... Mira a su alrededor pausadamente, fijándose en los
detalles. No parece nervioso, sino que está evaluando
el lugar, el escenario del primer encuentro con ojo crítico.

Una sonrisa breve, perezosa y torcida en sus labios
finos da a entender que comprende la intención de
ella al sugerir ése local; es la noche de la fantasía,
del disfraz, de la aventura en blanco y negro porque
hasta la música que está sonando, le transporta a algún
tugurio de Chicago o Nueva York de los años cincuenta.

Vuelve a sonreir, ahora se alegra de la lluvia, de la
gabardina empapada y se prepara mentalmente para seguir
el juego y ser ... ¿Tal Vez, Bogart? para ella…

Hay poca gente y de música
de fondo se escuchan piezas de jazz, en este caso creo
reconocer los últimos acordes de una pieza del piano de
Tsuyoshi Yamamoto.

Estoy calado hasta los huesos, pero no me importa.
Sé que me está mirando, que lo hace desde que entré,
porque desde que he abierto la puerta el calor de su
cercana presencia me reconforta.

Siento que está esperándome, aunque no sé muy bien dónde.
Es mi sexto sentido, que funciona como siempre, solo que
esta vez de una forma mucho más a acusada, más perceptible.

No nos hemos visto nunca, pero estoy seguro de que la
reconoceré de lejos.

Como siempre que me acelera la prisa, tiendo a ralentizar
mis movimientos, haciéndolos exageradamente lentos.
Estirando mi deseo y saboreándolo, resincronizando los
latidos del corazón y reduciéndolos para dominarlos.

Me acerco a la barra, pausadamente, mientras me quito
la gabardina empapada, la doblo meticulosamente y la dejo
con toda parsimonia en la silla de una mesa vacía, junto
al libro completamente empapado y una taza de café que aun
no han retirado.

Hay poca luz en el local, y no han hecho sino empezar
a sonar los primeros compases de "Dancing in the dark",
cuando percibo una silueta apretada, como acurrucada,
contra la barra en una esquina.

El leve movimiento a mi izquierda capta toda mi atención,
pero disimulo, como está haciendo ella.

Mi mirada queda prendida unos instantes, del suave balanceo
de un pié delgado enfundado en unos zapatos negros
de tacón altísimo.

Cuando se da cuenta, para el pié de inmediato y lo
posa firmemente en el travesaño del taburete…

¡Eres tú!

Pero no eres Bacall, sino más… una Verónica Lake o una
Jessica Rabbit escondiendo la mirada tras una cortina de
pelo rojo sin atreverte del todo a levantar la cabeza,
como mirando de soslayo, sopesando si el riesgo vale la
pena o no...…

Cojo una ultima bocanada de aire y, sonriendo, decidido,
y sin dejar de mirarte, me dirijo hacia ti…


Sé ha entendido el juego que le propongo, es algo
intangible, pero lo sé, soy testigo de la creación del personaje.

Respiro hondo, hasta ahora ha sido perfecto,
pero lo estropeará hablando y con las preguntas de todos…
Ruego en silencio: No, no lo hagas, sé diferente, sé él…
el que necesito esta noche, el que he soñado noche tras
noche mientras te escuchaba…

Sedúceme.

Conforme me acerco, y mientras percibo el crujir de la madera
bajo mis pasos decididos, observo frente a mí un gran
reloj que marca las once y me doy perfecta cuenta de que
sobran las palabras, porque lo que de verdad necesito
es el calor de tu cuerpo.

Así que sin mediar palabra y, con suavidad, pero con
decisión, cuando estoy apenas a medio metro de ti,
alargo mi brazo y acerco tu talle al mío con firmeza,
mientras nuestras bocas se buscan desesperadamente
en un beso sin fin.

Las gotas de mi pelo empapado resbalan por mi cara y se
posan en tus pómulos mientras nuestras bocas se retuercen
de deseo súbito y con placer. Y sientes nítidamente como
ese beso interminable hace crecer mi deseo, y como
un cuerpo -ya nunca más extraño para ti-, se abre
hueco entre los dos reclamando su espacio.



No hay palabras, no hay presentaciones, no hay preguntas… no hay lucha de
voluntades ni fingimiento alguno ahora, solo sensaciones
al desnudo y un sentimiento mutuo de reconocimiento intimo.

Me miras a los ojos y sonries con ellos al mirarme;
conoces tu poder, disfrutas de él abiertamente y sin
tapujos; me haces sentirme orgulloso de mi virilidad
y para nada avergonzado de que haya estallado sin poder
controlarla.


¿Química? Sea lo que sea es brutal, temblamos ambos presos
de una pasión y un deseo que nos sorprenden pero
que no nos hacen precipitarnos fuera del Bar para darles
rienda suelta…

Al fin una mirada y un acuerdo tácito de degustarlo
segundo a segundo, de no apresurar nada, de dejarlo fluir
a su ritmo y con sus tiempos propios…

Nuestros cuerpos no pueden ya separarse,
¿Para qué iban a hacerlo si luego se van a reclamar
en cuestión de segundos?

No parece que ni a ti ni a mi nos importe mucho
el qué dirán…

No pueden separarse porque no quieren y desean
seguir siendo solo uno… mientras comienzan a moverse
acompasadamente al son de la música de Krall.

En un compás que durará toda la noche pase lo que pase,
vayamos donde vayamos y hagamos lo que hagamos…

Toda la noche, y quinientas noches más.

Publicado por cami.s @ 17:10  | Sue?os
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