26 de febrero de 2006
 
 


La sonrisa de un adios...

Aquella tarde, al decirle
que me iba del pueblo,
me miró triste, ¡Qué dulce!
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Porqué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
com si estuviera muerto.

-¿Porqué te vas? - He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿A dónde vas?
Y le dije: A donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mi tantos luceros.

Hundió su mirada triste
allá, en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.


Juan Ramón Jiménez.
(Moguer-Huelva 1881. Santurce-Puerto Rico 1958)

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